¡Con la sexualidad hay que mojarse!

Maternidad, deseos y silencios

La maternidad algunas veces no se piensa… o se deja de lado.

“No es el momento.”

“O quizás más tarde.”

“No tengo pareja.”

“O la pareja que tengo no es la que había imaginado.”

Y así, durante años, el deseo no llega a plantearse en muchas mujeres. A veces, por no tener una respuesta (cosa que también hay que escuchar). Otras veces, por miedo. Y otras muchas, simplemente, porque a la mayoría no nos dijeron que había algo a lo que preguntar.

Vivimos con la creencia de que, por el solo hecho de ser seres humanos, vamos a poder ser madres cuando lo decidamos.

Pero podría no ser así.

Lo que rara vez se dice, o se dice entre eufemismos, es que la especie humana es una de las más infértiles del reino animal. Sí. Y eso cambia muchas cosas.

Nos hablan del “derecho a la maternidad”. Como si se tratara de un derecho garantizado. Pero no se trata de un derecho automático. Es una capacidad biológica que puede estar… o no estar.

Y muchas veces esa capacidad puede necesitar acompañarse, estimularse, e incluso reconstruirse.

Sentirnos más cercanas también implica hablar de esto…

Hablar con sinceridad, sin juicios ni clichés.

Sentirnos más cercanas también es ayudarnos a redefinir lo que nos pasa, sin cargarnos de mitos y sin herirnos con disertaciones.

Huir del ¿y vos para cuándo? o seguro que te relajás y pasa.

Cuidarnos de percibir el ruido de los que opinan sin saber o de aquellos/as que preguntan desde la curiosidad, y no desde el respeto.

Pedir ayuda no es ser débil. Te vincula.

Pedir ayuda no es ser frágil. Te hace honesta, verdadera, valiente.

Te vincula con otras personas que también lo están transitando. Que dudaron, que lloraron, que no sabían cómo hablarlo… y que encontraron la palabra como un consuelo.

Porque algunas lo logran. Otras no. Pero todas merecen el no sentirse solas.

Si pensás en ser mamá, si te hacés preguntas, o si simplemente querés entender lo que sentís… hablar puede ser un primer paso cariñoso hacia vos misma.

Decidir sobre la maternidad es un deseo que también puede cambiar

No es que no lo pensemos. A veces, simplemente, no lo queremos… al menos todavía. Y está bien. 

Creer que lo que deseamos hoy va a durar eternamente es una trampa muy sutil. Porque el deseo puede cambiar, y eso no nos convierte en personas contradictorias. Nos hace humanos.

Nos hace personas que van creciendo, que entienden las cosas de otro modo a medida que pasa el tiempo, que se permiten evolucionar. Nosotros no somos estáticos en el tiempo. Y no deberíamos vivir como si lo fuéramos. 

Cambiar de forma de pensar no es decepcionarse a sí mismo, es actualizarse, es buscar una versión más acorde con quien somos hoy. Por muy mal que siente, por mucho que no encaje en lo que los demás esperaban, por mucho que signifique empezar de nuevo.

No es que no sepas lo que querés. Es que nos atraviesa la vida. Nos enseña, a veces con dulzura, a veces mas ruda, que no todo queda bajo control y que eso que antes te daba una cierta emoción, puede dejar de interesarte, lo que antes ni siquiera tenías en consideración, puede llegar a empezar a tener sentido. 

Entonces, ¿por qué no tomar algunas precauciones cuando se vive amparado por esa incertidumbre que nos invade? Tal vez hoy no está entre tus prioridades tener un hijo o formar una familia. Pero, ¿y si un día eso cambia? ¿Y si el deseo aparece más adelante? Congelar óvulos, hacerse un análisis, informarse, consultar… No es ir en contra de lo que sentís ahora. Es darte la oportunidad de elegir después con más libertad. Es dejar posible un puente entre la persona que sos hoy y la persona que podrías querer ser mañana.

Melina Furiasse

Psicóloga, sexóloga y colaboradora de PsicoaSexoria

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