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Spanking, más allá del azote

Spank o Spanking, en la terminología sexual, se utiliza para denominar la  práctica del azote erótico. Aún no se recoge como anglicismo en la RAE. No obstante,  se define azote como “golpe dado en las nalgas con la mano”, “aflicción, calamidad,  castigo grande” y “pena que se imponía a ciertos criminales”. También se conoce como spankofilia (spankophilia, en inglés). ¿Conocías el término? ¡Sigue leyendo!.

Spanking

En la práctica, de carácter consensuado y voluntario entre personas adultas, se dan dos roles claramente diferenciados: el o la azotadora (spanker, en el argot) y el o la  azotada (spankee). Asimismo, la persona que disfruta de ambos roles recibe la  denominación de spanko, no siendo habitual. Como bien indica la sexóloga Arola Poch en su libro Lo normal es ser raro que vio la luz en 2020, la imagen común de la práctica que tenemos hoy día corresponde con una mujer siendo azotada en las nalgas por un hombre, “es una idea estereotipada: se puede azotar todo el  cuerpo (con el instrumento y la intensidad adecuados) y hay spankees tanto  masculinos como femeninos” aclara la autora. 

A pesar del acto parecer puramente físico, el spanking es un juego de  naturaleza psicológica. Por ende, sin el establecimiento de un vínculo emocional entre  los participantes esta práctica erótica carece de sentido. De igual modo opina  Francisco Pérez, experto spanker que imparte talleres teórico-prácticos de, cómo a él mismo le gusta denominarlo, el arte de la azotaina erótica. Su percepción del juego se  aprecia en este planteamiento: “Mi objetivo como spanker es trasladar mi pene a mi  mano. Y tu culo es tu vagina” (citado en Poch, 2020). Con esta afirmación clarifica que  el spanking es una relación sexual completa por sí sola, sin necesidad de genitalidad o de tener que finalizar con la práctica coital; si bien igual de profunda e intensa. 

Existen cuatro variantes de la técnica tales como: 

  • la erótica: azotes antes, durante o tras el coito o la práctica sexual
  • la disciplinaria: utilizado como castigo
  • el autospanking: cuando los participantes no se encuentran en el mismo espacio físico, el o la spanker ordena a distancia y el o la spankee se autoaplica
  • la de relajación: carente de erotismo ni disciplina, son suaves azotes rítmicos a fin de lograr cierto estado de paz y tranquilidad 

Al mismo tiempo, es posible vincularlo a un juego de rol, al bondage, a la utilización o no de instrumentos, etc…; en aras de sentirse cómoda la persona encontrando el placer del mismísimo dolor. Cabe destacar, que no siempre va de la mano con la filosofía BDSM. En esta línea, Francisco expone ciertas claves, tales como que en este juego ambas partes poseen control sobre la situación (desmitificando la necesaria vinculación a los roles de  dominación y sumisión), que el spanker ha de saber leer la respiración y los  micromovimientos del azotado/a (siendo en todo momento consciente de cómo y con  quién se juega) y, por último y no por ello menos importante, que hay que saber pegar (existen talleres donde aprender la técnica y el uso de diferentes instrumentos). En síntesis, lo más básico es la salud mental y física, y el sentido común. 

¿CÓMO ES UNA SESIÓN SEGÚN F. PÉREZ? 

Una sesión de spanking comienza con ambas partes implicadas eligiendo la  postura y el instrumento a utilizar. Cada utensilio es diferente entre sí con el objetivo  de provocar diversas sensaciones y dolor. El experto argumenta que, en su  experiencia, varía el uso de uno a otro en función del vínculo que se desee crear. Así, lo  más íntimo es la mano, el contacto piel con piel. Gradualmente se incrementa el ritmo y la intensidad, teniendo en cuenta dos cuestiones clave: que no se desconecte el instrumento de la mano (unidos como si lo primero fuera una extensión de lo segundo) y que no se pierda el ritmo ya que “si se rompe el ritmo, se rompe la magia”, inculca Francisco en sus talleres. De este modo, se va forjando una conexión  psicoemocional a través de los azotes.

La sesión concluye cuando se alcanza el éxtasis  o cuando, tras un pico elevado de intensidad ésta va disminuyendo, entonces se busca  el instante antes de que ésta baje por completo. Se reduce de manera paulatina el  ritmo y la intensidad hasta finalizar el juego. También se incluyen el uso de una palabra de seguridad (para detener el acto inmediatamente) y un proceso de aftercare (“el cuidado de después”) posterior al acto que refuerzan el vínculo y la confianza. 

Desde un punto de vista fisiológico, durante el spanking el cuerpo azotado  reacciona aumentando la producción de adrenalina, lo que incrementa a su vez los  niveles tanto de respuesta como de excitación. Si los azotes se propinan con maestría (como se indica en el apartado previo), el sistema endocrino produce endorfinas, las  cuales no solo palian el dolor, sino que resultan ser una gran fuente de placer. 

APROXIMACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL 

Comúnmente el mundo de las azotainas se asocia a la disciplina inglesa con la  que, con una vara y hasta hace no mucho, se daba en la mano o en otros sitios a los y  las alumnas que se portaban mal en numerosos colegios. ¿Te tocó vivir aquello? En la actualidad, el sexólogo Bruno Martínez, concluye que «es un término que ha caído en desuso y parece haber  sido sustituido por el término spanking». 

No obstante, el juego de vez en cuando recobra su  fama a nivel mundial (por ejemplo, a través de la literatura y el cine) y, por otro lado, siempre ha estado entre nosotros si sabes buscar. Así, en el Kama Sutra aparecen las siguientes cuatro variedades de azotes: con el dorso de la mano, con la palma, con el  puño y con los dedos levemente contraídos. Además, numerosos manuales sexuales de origen chino, como por ejemplo los recopilados en Artes del dormitorio de Douglas Wile, sostienen que una pequeña proporción de dolor sabiamente administrado  produce en consecuencia, una potenciación del orgasmo. 

SPANKING EN LA FICCIÓN 

Por último y muy unido al apartado anterior, parece apropiado terminar este  comentario con dos recomendaciones: una literaria y una cinematográfica. En primer lugar, El arte del azote es el gran clásico de la literatura erótica escrito por Jean-Pierre Enard e ilustrado por Milo Manara, en el que representan de un modo muy bello una “de las más refinadas artes.” “No se trata de hacer daño, sino más bien de hacer el suficiente daño, dentro del interior limitado y espacioso de una  convención: es lo contrario de la crueldad” defiende Jean-Pierre en su obra. 

Como culmen, te invito a visualizar la recomendación cinematográfica proveniente de Hollywood probablemente más llamativa: Secretary. Este film cuenta con algunas de las mejores y más auténticas escenas de Spanking de la historia del cine hasta hoy. Y no por la representación de la técnica del azote, sino por la  intensidad de lo que acontece y lo clarificador que resulta la escena de las caricias  finales de sus manos que transmiten esa conexión, ese vínculo y esa intimidad  compartida (el denominado aftercare). Porque el Spanking no es solo azotar hasta que  duelan las nalgas u otra parte del cuerpo, es mucho más que eso. 

Referencias 

Labrecque, F., Potz, A., Larouche, É., & Joyal, C. C. (2020). What Is So Appealing About  Being Spanked, Flogged, Dominated, or Restrained? Answers from Practitioners  of Sexual Masochism/Submission. The Journal of Sex Research, 1-15. 

Lapidario, J. (2018). El arte del azote. Jot Down, X.   

Manara, M. & Enard, J.P. (1989). El arte del azote. Barcelona: NORMA Editorial.

Poch, A. (2020). Lo normal es ser raro. Barcelona: Amazon Fulfillment. 

Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. 2021.

Yanke, R. (2019). El gusto por la fusta: por qué nos excitan los azotes. El Mundo, Sexo.  

Lydia Ulecia.

Psicóloga, Sexóloga y colaboradora de PsicoaSexoría.